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SACERDOTES
Por el P.François Turner, O.P.

Según Conchita, Nuestra Señora insistió particularmente en “la devoción al Santísimo Sacramento y la oración por los sacerdotes.” Hay una correlación entre la Eucaristía y el sacerdocio, intrínseca y en los mensajes de Garabandal.

El Concilio enseña que la función esencial del sacerdote es el ministerio eucarístico (Presb, Nos. 2 y 5.)

La bendita Virgen hablaba a menudo de los sacerdotes a las videntes. Les decía que si llegaban a encontrarse con un ángel y un sacerdote, deberían saludar primero y con atención especial al sacerdote, porque él consagra, no así el ángel.

Los sacerdotes son también responsables de la instrucción, y por eso les dijo que les preguntaran a ellos el significado de la palabra “sacrificio”, que las niñas no comprendían bien (Memor, p. 23; G I, p. 164.) Esto sugiere que la Virgen podía estar insinuando que los buenos sacerdotes son sacrificados, consagrados, “consumidos”, diría el Párroco de Ars (San Juan Bautista Vianney.) En tal caso es comprensible que la Virgen hablara tan a menudo de ellos y alentara a las niñas a rezar frecuentemente por ellos. Ella expresaba un cuidado especial por los sacerdotes, sobre todo en el segundo Mensaje, porque si no dan buen ejemplo o no se muestran buenos dirigentes, parte de los fieles pueden dejarse tentar por “el camino a la perdición.” La tarea de los sacerdotes es ayudarnos a llevar vidas de santificación, cada uno en su estado y vocación. Este cuidado de la Virgen, y del Señor que la mandó, es enteramente positivo. El 20 de julio de 1963, Nuestro Señor le dijo a Conchita: “¡Puedan los sacerdotes hacerme conocer de los que Me desconocen, y hacerme amar por los que Me conocen y no Me aman!”

El segundo Mensaje encomienda a todos rezar por los sacerdotes, obispos y cardenales.

Es bien sabido que la Virgen confirió a las videntes la facultad de reconocer a los sacerdotes aunque estuvieran vestidos de civil o en uniforme militar, lo que nos recuerda que los sacerdotes están marcados por el carácter (ordinariamente invisible) impreso por el sacramento de la Orden, como enseña la teología católica.

Podemos comprender entonces por qué las videntes trataban a los sacerdotes con una deferencia especial y pensaban a veces que otros los trataban incorrectamente, o los interrogaban indiscretamente. Las niñas pedían a la Virgen toda clase de aclaraciones e instrucciones al respecto, con una preocupación mayor que acerca de cualquier otro tema que no fuera su propia vocación. Conchita al fin inquirió de la Virgen si todos los sacerdotes eran buenos, y quedó muy sorprendida al recibir una respuesta negativa (G II, p. 57.) Mari Loli reza con frecuencia por ellos, en especial por los que añoran la vida laica. Una vez pidió a la Virgen una cruz que pudiera llevar por los sacerdotes. ¿De dónde le venían esos sentimientos? A un sacerdote le contestó: “La bendita Virgen me dijo de hacer sacrificios por los sacerdotes, porque si hay muchos sacerdotes santos habrá mucho más almas encaminadas al Cristo y al amor de Dios. Me dijo de rezar especialmente por los que desean dejar el sacerdocio, para que continúen al menos celebrando la misa, ya que son sacerdotes para siempre.” Nos encontramos de nuevo con el carácter impreso por la Orden Sagrada.

A fin de poner camas a disposición de las personas que alojaba, Maximina, la tía de Conchita, improvisó un colchón de paja para sus dos hijos (de 4 y 5 años de edad), lo tapó con una sábana y lo escondió detrás de una barrera de sillas. Conchita, en éxtasis, entró a la casa, atravesó el tal “colchón” y volvió a salir, la cabeza echada hacia atrás y un crucifijo en la mano. De pronto se echó a reír como si hablara con alguien y volvió, subiendo la escalera hacia atrás, hasta donde estaban escondidos los dos chicos. Sacó una silla y sin mirar a los chicos les destapó los pies, los cruzó y exclamó: “¡Oh! ¿Éste va a ser sacerdote?” Lo cual fue oído por varias personas, incluso Maximina, quien aún no puede ocultar su embarazo al relatar ese incidente. (LVP, p.122)

El primer confidente de Conchita en lo concierne al milagro de la Hostia, fue un sacerdote piadoso y ascético cuyo nombre anotó en su diario: P.Ramón García de la Riva. Otro sacerdote de rumoreada santidad fue el P.Luis Andreu, única persona, con excepción de las videntes, en ver a la bendita Virgen en Garabandal; solamente él y el P.Pio vieron el Gran Milagro por adelantado.

Durante las apariciones, los del pueblo solían contar a los sacerdotes presentes y observar el hábito de los frailes. Sus visitantes preferidos eran los sacerdotes. Muchos venían de los pueblos de la zona. Al principio, Pepe Diez llegó a contar cincuenta. Discutían acaloradamente los hechos y estaban lejos de coincidir en su interpretación. Las niñas eran sensibles a su manera de decir la misa y apreciaban particularmente la manera de celebrarla de los hermanos Andreu.

Después del período de apariciones se notó lo bien que las niñas había asimilado la lección sobre los sacerdotes.

En Burgos en 1966/67 Conchita habló a menudo de ellos y solía rezar por que hubiera muchos sacerdotes santos. Durante un descanso en Garabandal el 29 de julio de 1967, ella bosquejó para un sacerdote de Melun (Francia, a proximidad de París) lo que consideraba una pauta para los sacerdotes de nuestro tiempo. No se trata de una revelación divina, sino del fruto de sus reflexiones sobre el sacerdocio. Hela aquí:

Lo que ante todo quiere la bendita Virgen del sacerdote es su santificación.

Que cumpla con sus votos por amor a Dios y encamine hacia Él a muchas almas por el ejemplo y la oración, ya que hoy día es difícil de otra manera.

¡Que el sacerdote se sacrifique por amor a las almas en Cristo!

Que se retire periódicamente en el silencio para escuchar a Dios que le habla continuamente.

Que los sacerdotes piensen mucho en la Pasión de Jesús a fin de unirse más al
Cristo-sacerdote y así inviten a las almas a la penitencia y al sacrificio, lo que les hará más llevadera la cruz que a todos nos manda Jesús.

Que hablen de María, La que más seguramente nos llevará al Cristo, y que también hablen del cielo y logren convencer a la gente de que existe, y de que también existe un infierno.

Esto es lo que creo que el cielo espera de los sacerdotes.

Conchita

Notas.- El autor del artículo tiene un facsímil del original, que fue traducido al inglés para el sitio Internet de Garabandal, y éste de nuevo al español, para este sitio.

- En Burgos escribió Conchita: “Oremos por los sacerdotes, que son la sal de la tierra y amados de Cristo.

Conchita Gonzales – 15 de noviembre de 1967.”

Un año más tarde, en octubre de 1968, un teólogo preguntó a Conchita si aún creía que “muchos sacerdotes iban en camino de la perdición”. Contestó que sí, y que a ellos diría: “Imitad a Cristo en la Eucaristía”. Esto es teológicamente excelente, ya que Jesús en la Hostia está perfectamente consagrado a Dios y es enteramente consumido por los hombres.

De todas las cosas que les dijo la Virgen, Jacinta recuerda más vívidamente sus palabras sobre los sacerdotes: “Creo que fue lo que más me impresionó, y me dejó en el alma una estima y una veneración por los sacerdotes que no puedo explicar.”

El 21 de noviembre de 1968, había un grupo de visitantes despidiéndose de Mari Loli. Le dijeron que iban a rezar por ella en los pinos. Ella protestó, respondiendo: “¡Recen por los sacerdotes!”

En diciembre de 1968 Conchita, anestesiada para una operación de apendicitis, fue oída murmurando: “Debemos rezar por los sacerdotes…oremos por los sacerdotes…¡Tenemos que rezar por los sacerdotes!” Se ve que era su mayor preocupación.

En el otoño de 1969, en respuesta a una pregunta que alguien le envió, Conchita contestó que Nuestra Señora les había pedido a las videntes que rezaran por los sacerdotes… porque los fieles seguirían el ejemplo que ellos daban.

En 1970 Mari Loli escribió a un autor de libros sobre Garabandal: “Le pediré a la Virgen Santísima que usted sea un sacerdote santo.”

Las visitas frecuentes de la Virgen a Conchita, los numerosos retiros de ésta, su vida de oración, su profunda intuición y tal vez un don carismático particular, la capacitaron para emitir respuestas penetrantes y juiciosas. Cuando el Sr. Walter Kushion, con un grupo de visitantes irlandeses, le preguntó, el 13 de septiembre de 1970, por qué había tantos sacerdotes que se alejaban de la Iglesia, ella respondió: “porque no tienen amor por la bendita Virgen. Quienquiera ame fielmente a María amará fielmente a Su Hijo y a la Iglesia que Él ama (Ef.5:25.) Conchita considera que somos todos responsables. Oremos por los sacerdotes. Tenemos la culpa de que haya muchos en camino hacia la perdición, porque no rezamos bastante por ellos, porque no nos sacrificamos nosotros mismos, y también porque debiéramos dar ejemplo a los sacerdotes consagrados a la Virgen, a quienes debemos alentar para que se levanten y prosigan su camino (mensaje del 7 de agosto de 1971 a las Obreras Americanas de Garabandal, en O.L., p.221.) Podría citarse otras alocuciones similares.

Estas oraciones por los sacerdotes se volvieron contagiosas particularmente en el pueblo, cuando la tía y madrina de Conchita, Maximina, comenzó a rezar cotidianamente por los sacerdotes.

Desde que supo que la Virgen pidió que se rezara por los sacerdotes, la Sra. Julia Mazón, la madre de Mari Loli, ya no dejó pasar día sin rezar por ellos, aunque fuera mientras ordeñaba las vacas o llevaba los animales al pastoreo. Esto lo declaró a la Sra. Carmela Saraco, quien lo publicó en su periódico La Vigilia. Este ejemplo tiene gran efecto en los Estados Unidos, donde los amigos de Garabandal promueven vigilias de oración para los sacerdotes, y adoración del Santísimo Sacramento. El Papa Paulo VI sabía de estas actividades y las aprobaba.

Por su oración sacerdotal (Juan 17) Jesús se propuso consagrar a sus discípulos a un sacerdocio ministerial:

“Santifícalos en la verdad, pues tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envié a ellos al mundo, y yo por ellos me santifico, para que ellos sean santificados de verdad.”

Nota del Traductor: El texto precedente de S.Juan es transcripción directa de la Sagrada Biblia, Versión directa del hebreo y griego al castellano. Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid, 1951.

Así los apóstoles estaban plenamente conformados a Jesús, sacerdote y víctima del nuevo culto de la Nueva Alianza “en la verdad”, es decir, en conformidad con la revelación divina enunciada por Jesús, por obra del “Espíritu de verdad, que os guiará hacia la verdad completa.”

[Misma Nota.]

Esta consagración de los apóstoles al sacerdocio ministerial recibe su complemento al final del evangelio:

“Como me envió mi Padre, así os envío yo.” Diciendo esto, sopló y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo; a quien perdonareis los pecados, le serán perdonados; a quienes se los retuviereis les serán retenidos.”

[Misma Nota.]

Estos sacerdotes ministeriales tendrán sucesores que recibirán de Dios un carisma por la imposición de las manos del Colegio de Ancianos.

“Que el estudio, la predicación y la instrucción sean tu cuidado constante” escribe S.Pablo a Timoteo. “No desdeñes el don que tienes dentro, que te fue dado por profecía en la imposición de manos de los presbíteros… Continúa con estas cosas, pues así salvarás tanto a ti mismo como a aquellos que te escuchen. (I Tim. 4:13-16.)

Los sacerdotes son “ministros de Jesucristo entre los gentiles, encargados de un ministerio sagrado en el Evangelio de Dios, para procurar que la oblación de los gentiles sea aceptada, santificada por el Espíritu santo.” (Rom. 15:16) [misma Nota.] Este versículo indica el objeto, la finalidad del ministerio en la Nueva Alianza.

Así enseña el Concilio: “Dios… quería… consagrar sacerdotes que compartirían el sacerdocio de Cristo de una manera especial… En la celebración de la misa, ofrecen sacramentalmente el sacrificio de Cristo.” (Presb., No. 3)

Este sacerdocio ministerial difiere en esencia, no sólo en grado, del sacerdocio común de los fieles. (LG, No.10.)



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