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La Advertencia
Por Connie Hoebich

Dios ha usado la profecía desde épocas remotas para autenticar los mensajes que dirige a su pueblo por intermediarios humanos. La característica infalible de las profecías de Dios es que se realizan. Es así como se demuestra la fiabilidad del visionario y por ende, la validez del mensaje.

Garabandal ha recibido un acopio excepcional de profecía, que más aún que por su cantidad, se destaca por su género. Todo ello, excepto lo referente al castigo, que es condicional, debe cumplirse antes de que pueda considerarse los eventos de Garabandal como un todo. Por eso, a pesar de haberse terminado las apariciones (no las hubo desde 1965), hablamos de Garabandal como de algo “inconcluso” o “cuya conclusión está pendiente”.

La primera secuela que esperamos en el devenir de Garabandal hacia su cumplimiento, es la advertencia anunciada. Pienso que esa advertencia será el acontecimiento de mayores efectos en la historia del mundo desde la Resurrección.

Conocemos muchos detalles de la advertencia. Desgraciadamente, es común confundir esos detalles con otros que Nuestra Señora dio acerca del milagro y del castigo anunciados. La secuencia de esos acontecimientos tampoco está clara en la mente de muchos. Como esa secuencia y el contenido de las tres profecías mayores son importantes para nuestra comprensión de la advertencia, los pasaremos en breve revista.

FECHAS: Ignoramos la fecha de la advertencia. Desde que aprendió su existencia, la visionaria Conchita habló de la advertencia como de algo “inminente”, “a esperar de un día para otro”, pero ella no sabe la fecha. La fecha del milagro, sólo la conoce Nuestra Señora, y Ella sólo le permitió a Conchita decir que ocurrirá “algún tiempo después de la advertencia.” Conchita anunciará el milagro ocho días antes de su ocurrencia. Si viene el castigo, seguirá al milagro, pero no se sabe cuánto más tarde.

GÉNERO: La advertencia será vista y percibida por todos los habitantes del mundo, dondequiera que estén, exactamente al mismo tiempo. Será una experiencia terrible. El milagro tendrá lugar en Garabandal, en los pinos, y será visible para todos los que se encuentren en el pueblo o en las alturas circundantes. Según lo expresó Conchita: “el milagro será muy grande porque las necesidades del mundo son muy grandes”. Será “un milagro del amor de Dios, algo que manifestará su amor por nosotros de manera abrumadora”. El castigo, si viene, abarcará todo el mundo y será incomparablemente horrible. La advertencia, el milagro y el castigo serán reconocidos por todos como viniendo de Dios y no de causas naturales.

Detalles descriptivos y razones
Respuestas a la preguntas básicas sobre la advertencia - ¿quién? ¿qué? ¿cuándo? ¿dónde? ¿por qué? Surgen de diversas declaraciones de Conchita:
La bendita Virgen me dijo (durante una aparición de dos horas en los pinos el 1° de enero de 1965) que vendría una advertencia antes del milagro. La advertencia viene directamente de Dios. Nadie la eludirá. Será visible en el mundo entero. La sentiremos físicamente y en nuestro fuero interno. La advertencia será como un castigo, algo aterrador para bien de los buenos y los malos. Será como una revelación de nuestros pecados. Veremos las consecuencias de todos los pecados que hemos cometido. Dios mandará la advertencia para purificarnos a fin de poder apreciar mejor el milagro por el cual Él probará claramente su amor por nosotros y por ende Su deseo de que cumplamos con el mensaje. La advertencia acercará los buenos a Dios e indicará a los malos que el fin de los tiempos se aproxima.

Estas declaraciones constituyen un buen compendio de la advertencia. Más adelante meditaremos sobre ellas y sobre otras aclaraciones que Conchita ofreció. Pero por ahora se impone la pregunta: ¿A qué tanto detalle? ¿Qué se propone Nuestra Señora describiendo tan vívidamente este acontecimiento antes de que ocurra? Pues bien, tiene al menos tres motivos:

1. El factor autentificante. Después de haber experimentado la advertencia, la compararemos con las profecías que la describieron. Punto por punto las predicciones descriptivas, publicadas y conocidas de antemano, avalarán los anuncios de las apariciones, y por lo tanto el mensaje.

2. La preparación. Como experiencia personal, la advertencia será probablemente la más ruda confrontación de nuestra vida. ¿Estamos listos para ella? ¿Estamos listos para “esa cosa aterradora, mil veces peor que los terremotos”, que nos hará preferir la muerte antes que padecerla? ¿Estamos listos para “vernos a nosotros mismos a la luz de nuestros pecados?” Son éstas declaraciones espectaculares, especialmente la última. ¿Cómo se prepara uno? Dice Nuestra Señora: “Les dimos cuanto necesitan”, refiriéndose al mensaje de Garabandal, un mensaje, dicho sea de paso, que ratifica la enseñanza constante de la Iglesia. Nuestra Señora ofrece estos detalles aterradores para inducirnos a prepararnos desde ya para la advertencia, cumpliendo generosamente, en nuestra vida diaria, con las exhortaciones del mensaje.

3. Consuelo e inspiración. Toda persona pensante reconoce que el mundo está en gran necesidad de corrección. De hecho parecería que estamos al menos al principio de los “tiempos difíciles” de que habla San Pablo, cuando “los hombres estarán enamorados de sí mismos y del dinero, serán abusadores y vanos, irreverentes con sus padres, ingratos, inescrupulosos, incapaces de amar y privados de paz, calumniadores e incontinentes…pensando en su placer y no en Dios. (2 TIM. 3:2-5). Además, como observó recientemente el papa Pablo, ya que los hombres parecen haber perdido el sentido del pecado, parecería que sólo la intervención divina puede ya abrir sus ojos y reformar sus corazones. La advertencia de Garabandal promete ser comprendida de todos como “procedente de Dios” , “una corrección de la conciencia del mundo”. Es éste un gran consuelo para todo el que está confundido y asustado por la iniquidad generalizada, y anhela el retorno de la verdad y del honor. Pienso que Nuestra Señora también desea que los que están así dispuestos den loas y gracias a Dios ahora mismo, aún antes de la advertencia, por el consuelo e inspiración que el conocimiento de ello proporciona y por el gran bien que puede obrar.

El Poder de la Advertencia
Purificación
Cuando se le preguntó una vez en qué consistiría la advertencia, Conchita respondió: “Será como fuego. No nos quemará la carne, pero la sentiremos físicamente y en nuestro fuero interno”. Debemos comprender que Conchita haya asido a veces términos imprecisos, buscando una manera de expresar nociones como la esencia de la advertencia. Por lo demás, ella dijo de la advertencia que sería “como” fuego, y no que sería fuego. Para ella la advertencia y el fuego tienen esto en común: que ambos pueden ser vistos y sentidos, y que ambos son aterradores, de donde su comparación. En la misma vena, propongo la comparación: “la advertencia será como el purgatorio” (o lo que nosotros creemos que es el purgatorio).

Basados en la doctrina de la Iglesia, profesamos que el purgatorio es un lugar o proceso de purificación, por el cual se nos prepara, por así decir, para la contemplación de la visión beatífica. Admitimos que algún sufrimiento es necesario para esa purificación, un sufrimiento que prevalece pero no destruye . Se puede extender un poco esta comparación, observando que el alma en el purgatorio, que ha comparecido ante Dios para ser juzgada, existe ahora en luz de verdad. Comprende con perfecta claridad el alcance y consecuencias de sus pecados. Del mismo modo, la advertencia será como una revelación de nuestros pecados, y veremos sus consecuencias.

Esta comparación de la advertencia de Garabandal con el purgatorio es puramente de mi cosecha. No hubo alusión alguna al purgatorio hablando de la advertencia, ni por parte de Nuestra Señora, ni por parte de las videntes. Y yo hago esa comparación solamente para subrayar la magnitud y el poder de la advertencia: “Como el purgatorio”, será una revelación de nuestros pecados, con un sufrimiento penoso pero enteramente justo, una confrontación purificadora, sin escapatoria, con la verdad, para cada uno de nosotros.

Nuestra Señora le dijo a Conchita que “deberíamos llevar ese sufrimiento en desagravio de su Hijo, víctima de las más graves ofensas.” Éste es lenguaje de penitencia y reparación. Pero es posible – y esto, de nuevo, es mi propia suposición – que mientras estemos bajo el efecto de la advertencia seamos incapaces de ofrecer penitencia o de lograr una identificación consoladora, por estar tan absortos en la calamidad visible para nosotros o dentro de nosotros . De aquí la necesidad de “acondicionar” desde ya nuestra alma, mientras tenemos la facultad de pensar y la presencia de ánimo de hacer penitencia y reparación. Quiero creer que la advertencia nos será más leve en la medida en que nos preparemos para ella ahora, por la penitencia y el cumplimiento general del mensaje de Garabandal.

Directamente de dios
Una “advertencia” no es excepcional en los contactos entre Dios y los hombres. Las vemos con frecuencia en el Antiguo Testamento y las hemos visto en nuestros días en
Fátima . Dios ha utilizado diversos elementos, como pestes, guerras y aún fenómenos naturales, para notificar a los pecadores que debían corregirse o sufrir castigo. La advertencia de Garabandal, sin embargo, es novedosa por ser universal. “Todas las naciones y todas las personas la percibirán de la misma manera; será visible en el mundo entero, cualquiera sea la ubicación del observador. Será percibida de igual manera por creyentes e incrédulos y por adeptos de cualquier religión.”

Este aspecto universal, especialmente el que “todos en el mundo la perciban de la misma manera”, me convencerá de que es un acto divino. La confirmación de este factor importante aparece también en las respuestas de Conchita a estas preguntas:
“¿Reconocerá y aceptará el mundo la advertencia como una seña directa de Dios?
- Claro, y por eso creo imposible que el mundo esté tan endurecido como para no cambiar.
- Pero y la gente numerosa que no conoce a Cristo, ¿cómo comprenderán la advertencia?
-También los que no conocen a Cristo, que no son cristianos, creerán que es un aviso de Dios.”

Podemos también descartar las especulaciones sobre cometas, terremotos y demás agentes de destrucción tan frecuentemente evocados por los pseudo-profetas de nuestro tiempo:
“- Los hay que dicen que la advertencia puede ser un fenómeno natural que Dios usará para hablar a la humanidad.
- La advertencia es algo sobrenatural que la ciencia no podrá explicar.”

El gran poder en esto es obvio. En una época en que los hombres no temen poner en duda, y aún negar, la existencia de Dios, en que se llega incluso a ridiculizarLe, el Todopoderoso dirá claramente: “Aquí estoy”. Todos los hombres admitirán Su existencia, comprenderán cómo Le han ofendido, necesariamente sentirán remordimientos y desearán ofrecer reparación. “La advertencia será una corrección de la conciencia del mundo.”

Nuestra Señora no reveló la duración de la advertencia. Poco después de la aparición en que Conchita se enteró de la advertencia, ella se lo transmitió a su tía y madrina, Maximina González. Maximina le preguntó cuánto duraría la calamidad y Conchita respondió que no sabía, pero que “podríamos padecerla de noche como de día”. En esa misma conversación dijo Conchita: “Mejor es morir que sufrir por cinco minutos lo que nos va venir.” Cuando Needles le hizo la misma pregunta en 1970, Conchita reiteró que no sabía pero que dos minutos de ello sería bastante para cualquiera.

De estas declaraciones podemos colegir que la advertencia será probablemente de corta duración, pero no obstante poderosa.

Después
¿Qué podemos esperar de los hombres individualmente, y del mundo colectivamente, después de la advertencia? Pienso que, aunque sería un error subestimar el poder de la advertencia para reorientar a los hombres, tampoco puede suponerse que la advertencia lo corregirá todo, que la mala voluntad habrá desaparecido de la tierra.

Sin duda, mientras dure la advertencia, toda rodilla se plegará ante el Señor. ¿Pero después? Recordemos que la advertencia no se valdrá de los elementos: no habrá destrucción en el mundo. Los hombres sólo guardarán un recuerdo de su experiencia personal, fuertemente impreso, sin duda, pero sólo un recuerdo. Cada uno continuará debiendo ejercer con justicia su libre albedrío, y continuará debiendo alimentar su fe, día a día, por el resto de su vida.

Nuestra Señora dijo que el propósito de la advertencia era “atraer a los buenos a Dios y alertar a los demás para que se reformen” y que Dios desea que mediante esta advertencia corrijamos nuestras vidas y logremos pecar menos contra Él. A una mujer que le expresaba su temor de la advertencia, Conchita contestó: “Ah, pero después de la advertencia amarás muchísimo a Dios.” En otra ocasión dijo: “Creo que los que no desesperen obtendrán de la advertencia un gran bien para su santificación.” Todo esto nos permite pensar que, al menos por un tiempo, habrá mucho amor y mucho servicio a Dios. La advertencia tiene el propósito y el poder de obrar así, pero hasta qué punto y por cuánto tiempo – eso depende de los hombres.

Los que hemos trabajado para difundir el mensaje de Garabandal podemos esperar que después de la advertencia los oídos y los corazones se abran como nunca lo hicieron antes. Aún así, no debemos pretender que todos se trepen al carro de Garabandal. El mensaje se basta a sí mismo. No necesita – o no debería necesitar – el refuerzo de las apariciones. Quiero decir que la advertencia no dirá al mundo: “¡Creed en las apariciones!” Los que nunca oyeron de Garabandal en estos años que preceden a la advertencia no sabrán siquiera de qué se trata. Pero la advertencia, por sí misma, inspirará el cumplimiento del mensaje. Los programas del Rosario y del Escapulario, las vigilias eucarísticas y demás semillas que estamos sembrando en nuestras diócesis, proveerán las estructuras por las que un gran número de almas, vueltas más receptivas por la advertencia, podrán comenzar a cumplir en serio con el mensaje.

Finalmente, después de la advertencia podremos contar con mucho mayor cooperación de los medios de información con respecto a las apariciones de Garabandal. Esto traerá aparejada una mayor comprensión de la advertencia, en conexión con las apariciones, y por lo tanto una mayor comprensión de todo el suceso Garabandal. Podremos ver entonces preparativos por doquier para el milagro anunciado, lo que acarreará la necesidad de proveer medios de transporte para gran número de personas, especialmente los enfermos, a Garabandal. El pueblo mismo y aún la zona circundante deberán estar preparadas para acoger a estas multitudes.

¿Cuánto tiempo tendremos para prepararnos? Esto se lo preguntaron a Conchita en 1965, y respondió: “El milagro no demorará en venir, y la advertencia tampoco.” Y agregó: “Aunque está tomando tiempo, no estará atrasado. El tiempo de Dios es siempre el tiempo apropiado.” En una entrevista reciente con Needles, Conchita recalcó la necesidad de cumplir el mensaje en preparación de la advertencia y del milagro. Dijo que durante las apariciones la Virgen le comunicó que “todo vendrá pronto.”