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CUESTIÓN DE ÉNFASIS
por Connie Hoebich

¿Enfocaremos en la profecía o en la santificación? La profecía tiene un poder misterioso entre los hombres. Algunos la evaden, otros la atesoran. A todos, al parecer, excita. Acaso por algún motivo hondamente impreso en nuestra naturaleza, ya que en verdad el esquema de la vida humana está arraigado en la profecía. Mientras contemplaba cierto árbol, Adán oyó el aviso: “El día que comas de él, …ciertamente morirás”. Después de la caída, resonando aún las proféticas palabras de condenación, Adán oyó también que los privilegios de que había abusado serían restablecidos algún día. Y por siglos, el Pueblo Elegido de Dios vivió en la espera del Mesías que había de venir. A través de las Escrituras y de la historia, desde Abraham hasta Juan Bautista y desde Nostradamus hasta Jeanne Dixon, los hombres han acudido a los adivinos, para escucharlos – o apedrearlos. Lo excepcional es la indiferencia a la profecía.

Un ejemplo para los garabandalistas como tú y yo. ¿Cuántas veces nos han preguntado: ¿”Puede decirnos algo más del milagro?” O “¿En qué consistirá la advertencia?” O también “El castigo, ¿vendrá durante nuestras vidas?” A veces me pregunto si realmente la gente no ha asimilado nada más sobre Garabandal que “La Advertencia, el Milagro y el Castigo”, sin ninguna perspectiva. La profecía los intrigó; jugarán con las profecías de Garabandal por un tiempo y luego las mandarán guardar en algún recoveco cerebral, con el horóscopo de ayer. Si después de haber hecho una presentación sobre Garabandal, veo a la gente irse pensando sólo: Advertencia, Milagro, Castigo, sé que he fallado de alguna manera.

El P. J.M.Lafffineur, que en sus últimos siete años sostuvo ardientemente la causa de Garabandal en artículos y conferencias en todo el mundo, solía decir: “Debemos anunciar incesantemente la Advertencia de Garabandal, en todas partes, asiduamente.” En esto, por supuesto, está nuestra misión – pero sólo una parte de ella. Con igual asiduidad debemos poner en claro la secuencia correcta de énfasis. Nuestra Señora nos trae un mensaje de Dios: la Advertencia, el Milagro que hará Dios para que los hombres den fe a su mensaje. Por espectaculares que sean – y lo serán – la Advertencia y el Milagro quedan, en el drama de Garabandal, subordinados al Mensaje, y es el Mensaje, activamente cumplido, que debe penetrar al mundo.

Lo que Dios pide a los hombres en su mensaje de Garabandal los santificará. Lo que hace con la Advertencia y el milagro es poner su firma al pie de ese llamado a la santidad. Esa firma, que también apareció en las caras extáticas y en las gracias y curaciones ya concedidas, ratifican el mensaje, diciendo: “Ved, les muestro que las palabras de las niñas de Garabandal son mis palabras, dichas a través de Mi Madre. Yo recurro a vosotros. Atended a mis palabras”. Para nosotros, llamados por nuestra Señora para anunciarlas, los prodigios obrados por Dios son un premio a nuestra perseverancia y un aliento a proclamar el mensaje con ahinco creciente. Aún cuando los recuerdos de la Advertencia y del Milagro se hayan grabado en nuestras memorias, y cuando tengamos ante nuestros ojos la gloria del signo permanente de Dios, nuestro trabajo estará recién empezando.

Por impacientes que estemos de ver el milagro, estos días de espera son en cierto modo un lujo para nosotros. No sentimos aún la ansiedad de la prisa. El castigo se vislumbra – pero de lejos. Antes veremos el milagro. Ah, pero después del milagro… estaremos todos corriendo contrarreloj. Que entonces esté o no retenido el brazo de Dios dependerá de cómo hemos hecho nuestro trabajo preparatorio durante estos años. Si Garabandal ha captado la atención de la gente sólo por la profecía, ¿dónde estarán cuando se hayan cumplido dos tercios de lo profetizado? El espectáculo que querían ver se habrá terminado. Pero si hemos logrado predicar la reforma del corazón y crecimiento espiritual, Dios habrá obrado numerosos milagros de gracia en las almas y habrá ejércitos de voluntarios para el trabajo que quede.

Esto es lo que Conchita quiere decir cuando repite ”¡Cumplan con el mensaje!” Llegó a decir que no era necesario que la gente creyera en las apariciones – “pero ¡tienen que cumplir con el mensaje!” Pensadlo: Ella ha visto a la Madre de Dios unas 2000 veces, pero no es eso lo quiere inculcarnos. Es: ¡Cumplir con el mensaje! “Mi alimento es hacer lo que quiere El que me envió y completar Su trabajo”.

¿Estamos, nosotros que creemos, poniendo en énfasis donde corresponde? ¿Nos ocupamos de la profecía o de la santificación? ¿Estamos cumpliendo con el mensaje?
“Primero, debemos llevar buenas vidas”, dijo Nuestra Señora.
Bueno, digamos que vamos por buen camino. Pero, ¿y lo demás? Lo que la Virgen, en realidad, señaló primero:

“Debemos hacer muchos sacrificios,
Mucha penitencia,
Visitar con frecuencia al Santísimo Sacramento.”

Y recordemos sus palabras finales:

“Pensad en la pasión de Jesús”.