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Organización y expansión
Durante los primeros años, el interés primordial de Joey estaba en mostrar las fotos y diapositivas. Empero, alrededor de él, y en gran parte por empuje de él, tomaba forma la organización que se conoce ahora como “Centro New York de Nuestra Señora del Monte Carmelo de Garabandal”. La gente asociada con Joey correspondía con Conchita y con el P.Laffineur, el sacerdote francés, ahora difunto, que fue pionero de la causa de Garabandal en toda Europa. A medida que se recibía nueva información del extranjero (seguían las apariciones en esa época), la gente de Joey la difundía en forma de “hoja informativa” entre el número creciente de los que habían sido oyentes de sus conferencias. Asimismo, sus ayudantes contestaban las cartas que llegaban pidiendo información y distribuían el folleto “Las Apariciones de Garabandal” al ritmo de veinte a treinta mil por mes, que fueron 80,000 por mes hacia 1970.

Comenzaron a llegar de fuera de Nueva York invitaciones a Joey para hacer su presentación y, como resultado de esos compromisos y del volumen siempre creciente de la correspondencia, brotaron nuevos centros para la promoción del mensaje de Garabandal por todo el país. En 1968 se lanzó la revista Needles, (agujas), más tarde rebautizada GARABANDAL, precisamente para el propósito de contestar las preguntas más frecuentes mediante información obtenida por Joey directamente de Garabandal. Por otro lado, Dick Everson produjo una película documental de 16 mm sobre Garabandal, que Joey también exhibió y promovió.

Mientras tanto, las conferencias de Joey promediaban seis por semana en Nueva York solamente. Por todos lados, gente agradecida por su propio renacimiento espiritual ofrecía ayuda. Joey los puso a la obra haciendo rosarios y escapularios, organizando vigilias eucarísticas y reuniones de rosario, ayudando en la imprenta y en el manejo de la correspondencia.

El apostolado por Garabandal iniciado por un hombre con un álbum de fotos había crecido hasta contar en todo el país con 400 centros de diversa magnitud y función. Exhiben películas, distribuyen documentación y promueven el rosario, el escapulario y la adoración del Santísimo Sacramento.

Inspiración para millones
Joey volvió regularmente a Garabandal después de 1963 y estaba allí el 18 de junio de 1965, para el segundo Mensaje.

Al regreso de su viaje, visitó 40 estados en los Estados Unidos y se presentó en la televisión nacional y en numerosos programas locales de radio y de televisión.

Su correspondencia personal llegó a ser voluminosa. Ejemplos:
Querido Joey – Nunca te podríamos agradecer bastante por todo el bien que has hecho aquí, pero te podemos agradecer por la generosidad con que nos diste tu tiempo, por tu paciencia y por tu amor por Nuestra Señora.
Querido Joey – Debes volver pronto. ¡Tienes tanto para enseñarnos! ¡Qué gran inspiración fuiste para todos nosotros!

Es verdad que miles de personas han vuelto a Dios gracias al celo de Joey. Pero él sabe ponerlo en la perspectiva justa: “Al principio todo es Joey, Joey. Pero a medida que rezan, Joey se achica, y Dios se agranda, porque van recibiendo la gracia de comprender. Yo no soy más que un instrumento. Todos somos instrumentos y Dios desea que el carisma particular de cada cual se use en atraerle a otros para que Le conozcan, Le amen y Le sirvan.”

Joey sostiene que las personas en su mayoría no son atraídas por cosas espirituales. “No tienen la inclinación, como la tiene, por ejemplo, un sacerdote. Ellos necesitan un P.Pío, un Garabandal, algo para captar su atención.” Y agrega que, una vez interesados, viene la confesión, y la comunión, y se los ve más y más delante del Santísimo Sacramento; y de ahí van a las órdenes terceras, trabajan en la iglesia, consagran tiempo a las caridades, etc. De la abundancia de sus oraciones viene el celo en salvar almas.

Todos los que sufren, físicamente o de otro modo, sienten especial afinidad con Joey. ”Cuando llevamos nuestra cruz viviendo en gracia con Dios”, les dice, “glorificamos a Dios, obtenemos gracias para la conversión de pecadores, liberamos almas del purgatorio y fortalecemos la Iglesia. Piensen en la pasión de Jesús y unan sus sufrimientos a los Suyos. Dios les dará la gracia de comprender los misterios de la Cruz y de la Salvación, y de perseverar en el amor.”

Garabandal y Fátima
En 1967, Joey pasó tres semanas en la Escuela de Formación Apostólica “El Ejército Azul” en Fátima. Para él está claro que Garabandal es una extensión de Fátima. Más aún, “No habría Garabandal si hubiéramos escuchado en Fátima”, dice, y agrega: “Lo maravilloso es que Dios continúa dilatando el plazo a pesar de nuestra reticencia. Es como si la gente no quisiera de ningún modo cambiar de conducta.” A propósito de las apariciones marianas, hace esta analogía: “Imagínese un chico jugando en la calle a la vista de su madre. Si ve un perro grandote o se oye un estrépito, se asusta y corre a su madre. Pero también puede pasar que, jugando, no advierta un camión que se dirige hacia él amenazando golpearlo. Entonces su madre corre y lo atrapa para salvarlo. María también corre para salvarnos, porque estamos en peligro y no lo vemos. Ella sí ve que estamos en peligro de perder nuestras almas.”

Tiempo de difundir el Mensaje
A medida que creció su apostolado, Joey se convenció cada vez más de que Garabandal es la palabra de Dios alertando a un mundo en crisis. “Se nos previno que estamos recibiendo los últimos avisos”, dice, ”y la duración del plazo que ya nos ha acordado Nuestra Señora para difundir su mensaje indica lo vital que es.”

Impulsado por la urgencia de alcanzar a la gente en todas partes antes de expirar el plazo, apresuró el paso. Cuanto más trabajaba, más se alargaba el camino. Se dio cuenta de que se extenderían sus viajes, que nuevos horizontes esperaban al ciego con su misión.

En 1977, Joey Lomangino estaba en África. Se encontraba una noche calurosa esperando en el aeropuerto de Lagos (Nigeria). Dejó errar su mente por los años pasados. Recordó su primera visita, en febrero de 1963, al remoto pueblo de Garabandal, en las montañas del Cantábrico en España. Su amigo había querido visitar el lugar en que se decía que había aparecido Nuestra Señora. Sí, resultó cierto que nuestra Señora estaba apareciendo allí. Se lo había confirmado el P.Pío en persona. Nunca podría Joey haber previsto el impacto que ese viaje tendría en su vida.

Nacido y criado en Brooklyn, trágicamente cegado a los dieciséis años en un accidente absurdo, Joey estaba decidido a no terminar en una esquina tendiendo la mano. Espoleado por la pobreza que acechaba a su familia, resolvió aprovechar al máximo toda oportunidad de instruirse. Cuando a los veinticuatro años tuvo al fin la ocasión de iniciar un negocio privado, la asió y junto con sus tres hermanos empezó a construir un futuro.
Fue al parecer parte del plan divino que Joey lograra éxito y seguridad financiera – una situación que más tarde le permitiría viajar extensamente en el curso de su creciente apostolado.

Un chirrido estridente lo trajo de vuelta al presente en el aeropuerto. De nuevo el calor húmedo del aire nigeriano, el clamor de voces extranjeras, el ambiente extraño. Preguntó por la causa de la demora. “Un problema con los boletos” le dijeron. Sacó su rosario. “Dios te salve, María…” pero el calor lo adormecía. Quería pensar en un lugar fresco. ¡Irlanda en mayo!

¿Por cuántos años había visitado Irlanda? Hasta 1977 serían ocho años seguidos. Había sido Charles Horan, recordaba, un caballero californiano jubilado, el que primero lo había invitado a visitar Irlanda. En una de las más grandes salas de Dublin, un domingo, dio dos conferencias seguidas. Vinieron más de 1300 personas a oírlo hablar del P.Pío y de Garabandal. Los irlandeses se entusiasmaron con el ciego y le brindaron la satisfacción de iniciar lo que llegaría a ser un poderoso movimiento Garabandal irlandés.

Más tarde, Richard Stanley y su joven esposa Maura emprendieron la construcción de un Centro para la promoción de Garabandal, el cual invitó a Joey todos los años y organizó su primera visita a Inglaterra y Escocia. Trabajando en estrecha cooperación con el Centro Nueva York, los Stanley fueron los primeros en reproducir la revista GARABANDAL en el extranjero.

A Joey le gustaban los irlandeses – su alegría, su sencillez y, sobre todo, su santidad y honda fe. Buscando respuestas, preguntó a su amigo Richard Stanley “¿Por qué hay tanta discordia en el norte de Irlanda?” Recibió una respuesta profunda: “Joey, muchacho, me temo que no hay suficientes buenos irlandeses rezando.” Éste era uno que había entendido el mensaje de Garabandal.

Lagos, Nigeria, 02:00 horas
Al fin los boletos estuvieron en orden y Joey acometió la última etapa de su largo viaje. Había empezado en Hong Kong, con cinco días de conferencias fructuosas. Segunda parada en la India. Joey ya había estado allí dos años antes, invitado por el P.Paul van Winesberghe, S.J., el P.Francis Benac, S.J. y otros sacerdotes.

Esta vez fue recibido como embajador de María por cardenales, obispos y sacerdotes. Sólo en países “del tercer mundo” sería recibido por un público de tan abrumadora devoción mariana. Hubo diecisiete mil personas presenciando la bienvenida que le dio el cardenal Valerian Gracias, hablando de Garabandal en el mismo pie que Lourdes y Fátima. Con el P.Benac abriendo camino en la India, surgió allí uno de los centros Garabandal más efectivos del mundo.

Gracias a “Nuevos Horizontes”, el fondo para llamamientos especiales de Joey, una corriente constante de publicaciones, libros, películas, revistas, rosarios y escapularios circuló hacia la India, Birmania y Pakistán, llevando el mensaje de Garabandal. Gracias al fuerte apoyo que recibía de tantos promotores de Garabandal en los Estados Unidos, Joey sabía que entraría la cosecha de ese suelo fértil. Había iniciado el mensaje de Garabandal en cuarenta de los Estados Unidos y sabía que sus conciudadanos mantendrían el esfuerzo, mostrando la película de casa en casa, y públicamente en cada oportunidad – y así fue. Sabía también que Dios lo impulsaba a adelantarse y a proclamar el mensaje a quienquiera lo quisiera oír. Reflexionando sobre sus viajes para establecer y fortalecer a Garabandal Internacional, dijo a sus amigos en América que la devoción y la vida en oración parecían más robustas en aquellos lugares que eran sencillos, pobres y humildes. Eso mismo encontró también durante sus conferencias en Nigeria.

Su viaje tuvo gran éxito. Cientos vinieron desde lugares remotos de ese país africano para oír el mensaje de Nuestra Señora y su entusiasmo se mantuvo a lo largo de los años siguientes.

Intervención divina
Al fin Joey estaba de regreso en Lindenhurst, Long Island, habiendo completado media vuelta al mundo. Antes había estado en Irlanda, encarando las demandas de un apostolado internacional en rápido crecimiento.

El año 1977 había sido pesado para Joey. El ritmo frenético de sus viajes comenzaba a afectar su salud y él notó que declinaba la agudeza de su oído. En el Centro escaseaban los voluntarios para llevar la carga del apostolado en expansión. Su negocio, antaño próspero, padecía las molestias de una reorganización. Joey estaba preocupado con todo esto que ocurría. Y sin embargo, estaba preparándose para uno de los momentos más destacados de su vida.

¡Joey se casaba! ¿Cómo pudo darse esto? ¿Dónde encontró el tiempo? De nuevo Dios había intervenido en la vida de Joey de una manera muy especial y extraordinaria. Éste era un casamiento “arreglado en el cielo” y él lo sabía.
Un tiempo antes, ese año, había recibido una seña, aunque no sabía exactamente lo que significaba. Había recibido señas de esa especie otras veces. En camino al centro con su hermana Frances, le dijo varias veces que los nombres “Luther” y “Michigan” le venían a la mente a cada rato. Anteriormente, cuando un nombre de persona le venía repetidamente a la mente, él rezaba por esa persona y ocurría en general que un buen día conocía a la persona y que esa persona terminaba trabajando al servicio de Nuestra Señora. Esta vez, pasaron semanas, el nombre seguía viniendo “como un toque en el hombro”, pero la persona no apareció.

En el mes de julio de 1977, una típica tarde veraniega, se reunía en el aeropuerto JFK de Nueva York la cincuentena de participantes en uno de los viajes anuales de Lomangino. Joey organizaba esos viajes con los muchos Garabandalistas que querían acompañarlo al pueblo. Esta vez debía incluir otros santuarios marianos. Como él no había tenido tiempo de leer la lista de pasajeros, su secretaria Rosemarie Melunchuk le presentaba a cada uno por turno, mencionando también su estado de origen. Tras media vuelta al salón de conferencias donde estaban reunidos, Joey oyó: “Esta es Mary Luther con su hija Marilynn, y vienen de Michigan”. “¡Acabáramos!” pensó Joey, “¡Luther y Michigan!” pero estaba fatigado en ese momento y resolvió postergar la conversación.

Marilynn Luther era de Detroit, MI, la segunda de los diez hijos de Maurice y Mary Luther. Su padre había muerto de cáncer en 1960 a la edad de 51 años, dejando a su mujer con todos los niños, de los cuales varios eran aún pequeños, dos de ellos en pañales. Marilynn, ahora de 37 años, tenía una muy buena posición en General Motors
y vivía en la casa de sus padres. Ésta era su primera peregrinación, aunque había viajado al exterior anteriormente. Su madre había sido una ardiente promotora de Garabandal desde 1964 y anhelaba visitar el pueblo, de preferencia en el tour de Joey. Cuando Marilynn se enteró del deseo de su madre, vendió su automóvil para financiar el viaje. Así entró ella en el cuadro de Garabandal y en relación con Joey Lomangino.

Ya al aterrizar el avión en Francia, estaba seguro Joey de que este viaje sería memorable. Todos sus lugares preferidos estaban incluidos: el santuario de la Medalla Milagrosa en París, Santa Bernadette en Nevers, Lourdes, Garabandal y Fátima. Pero no sabía que la presentación en el aeropuerto JFK iba a resultar en un cambio de dirección definitivo en su vida.

Fue en Lourdes donde Joey decidió esclarecer el misterio de “Luther y Michigan”. De entrada le había gustado Mary Luther, la madre, cuando conversaban y reían. Era madre irlandesa (de apellido Lynch). Le contó de su familia, de su marido que había sido de sangre irlandesa y alemana, de cómo cuando murió, diecisiete años antes, la familia se había mantenido unida, como que aún eran ocho en la casa. Ella tenía esa fe sólida que Joey había observado en Irlanda. Sabía llevar su cruz. Él quedó muy impresionado y continuó sus conversaciones con ella.

La hija, por otra parte, parecía muy reservada y hablaba poco, recuerda Joey. Por lo demás, ella también estaba cansada y había venido en busca de reposo y renovación espiritual. Ella y Joey conversaron brevemente en Lourdes y de ahí el grupo prosiguió hacia Garabandal. Allí, los dos se hicieron amigos; a la partida fueron juntos a misa a Cosio. La próxima etapa era Fátima. A la noche, según la costumbre, todos se reunían para una caminata y un rosario. Esa noche, acaso por lo tarde, sólo Marilynn quedó con Joey para el rosario. Cuando lo terminaron, se sentaron en una piedra y se pusieron a hablar.

“De repente, comprendí que estaba frente a mi esposa. Todas las cosas que me habían mantenido soltero por tanto tiempo se desvanecieron y supe que ésta era la mujer que aceptaría compartir el resto de mi vida. Y le dije ‘Marilynn, quiero casarme contigo’.”
Quedó estupefacta “¿Casarme contigo? ¡Si ni te conozco!”

“¿Qué quieres saber? Te diré cualquier cosa que quieras saber” dijo Joey.

Marilynn dijo que no iba a rechazar de plano su propuesta. Quería pensarlo.

Los tres días finales en Fátima fueron felices. Marilynn le dijo a Joey que decidiría en su casa. Quería estar segura de que ésta era la voluntad de Dios. Su madre había dicho a Joey que había observado el interés que él tenía por su hija y agregó: “Si tú eres santo, Joey, todo resultará en bien. Esta decisión debe ser de Marilynn y cualquier cosa que ella decida estará bien para mí.”

De regreso en Michigan
De regreso en su casa, Marilynn fue a su cuarto y pronto se durmió. Se despertó alrededor de las dos de la mañana. Todo lo que Joey le había dicho le daba vueltas en la cabeza. Metió la mano debajo de la almohada y sacó su rosario. Rezándolo, se durmió de nuevo.

El hobby de Marilynn era la jardinería. El jardín de su casa en Michigan estaba lleno de flores. Había un altar para Nuestra Señora con nueve pinos de Michigan. Durmiendo, Marilynn se puso a soñar. Se vio contemplando un hermoso jardín, cuyas plantas estaban todas en la más plena floración. Notó que había un jardinero – que era transparente. Ella veía los colores de las flores a través de él. Él se puso a trabajar alrededor de una flor, cavando cautelosamente. Era un alto lirio rematado en una flor blanca. El jardinero tomó la planta en sus manos y la llevó solícitamente a otro jardín, igualmente lindo pero con flores distintas, de otros colores. Colocó el lirio en el suelo donde ya lo había preparado, palmeó bien la tierra alrededor de él y desapareció. “Lo último que recuerdo del sueño,” dice Marilynn, “ es el lirio, tan erguido y fuerte en el nuevo jardín como había estado en el otro.”
Cuando Marilynn se despertó no le quedaba ninguna duda de que por voluntad divina se habría de casar con Joey y que todo resultaría bien.
Le telefoneó para anunciarle que se casaría con él. Le relató su sueño y le dijo: “Joey, el lirio soy yo; el jardín viejo es el de mi casa y el nuevo es el tuyo. Estoy por mudarme de un lugar a otro y me muestran que será una mudanza sin tropiezos.” Joey contestó: “Y el jardinero – es Dios.”

Fijaron fecha y se casaron el 8 de diciembre de 1977 – un día especial para ellos, así como para Nuestra Señora: la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Director Internacional
Después de su casamiento, Joey y su esposa se dedicaron a completar su plan de viajes. Trabajaban juntos en su oficina y dieron durante los fines de semana conferencias en buena parte de los Estados Unidos.

En mayo de 1978 viajaron por Irlanda, Inglaterra y Escocia, donde fueron cálidamente recibidos en reuniones y conferencias.

La Primera Reunión Internacional sobre Garabandal fue motivo de muchos preparativos y mucha oración; tuvo lugar en Lourdes en agosto de 1978. Había 26 países representados y tanto Joey como Marilynn tenían presentaciones en el programa. Los resultados de esta reunión marcaron una nueva etapa en la difusión del Mensaje.

Las actividades del Centro New York exigían con urgencia la atención de Joey. Ya en 1976 le había recomendado su consejero espiritual:
1. Concentrar su energía en la correspondencia internacional a fin de establecer nuevos centros en el mundo.
2. Mantener estrecho contacto con los promotores en los Estado Unidos y alentarlos.
3. Poner al día la revista GARABANDAL y acrecentar su circulación.

Pero estos cambios requerían tiempo. Joey dio su última conferencia pública el 16 de julio de 1978. Como Director Internacional, una posición que exigía dedicación y actividad, se encontraba más y más confinado en su escritorio. Cada número de la revista GARABANDAL relata este trabajo, y gracias a la atención constante de Joey, la difusión del Mensaje continúa.

En su hogar, la alegría de Joey alcanzó su plenitud con los nacimientos de dos hijos, Joseph Michael, el 18 de mayo de 1979, y John Paul, el 17 de septiembre e 1981.

A veces hubo que emprender largos viajes para establecer nuevos centros. Así fue en febrero de 1982, cuando Joey voló a Nueva Zelandia, donde lo acogieron con igual entusiasmo clérigos y laicos que se agolparon en los salones para oír a los oradores de Garabandal.

En diciembre de ese año Joey llevó a su familia en peregrinación al santuario de Guadalupe en México, y allí ellos y demás compañeros de viaje pudieron contemplar de visu la imagen milagrosa de la Virgen sobre el manto de Juan Diego.

Durante el otoño de 1980, la British Broadcasting Corporation produjo, a instancias del Centro Garabandal de Londres y con el respaldo de Joey, un documental sobre Garabandal. El resultado fue una película de 32 minutos que fue premiada y ya ha sido exhibida tres veces por la BBC en diversas partes del Reino Unido y también en la televisión nacional de Nueva Zelandia. Además apareció en exhibiciones privadas en los Estados Unidos y otros países.

También se movían las cosas en Australia. La red de televisión oficial del gobierno, ABC, despachó al productor Peter Wilkinson a Nueva York a visitar a Joey y a Garabandal a filmar un segmento para el programa “60 Minutos”. “Después de la presentación de éste”, relata el promotor australiano John Leriou, “el panel telefónico se encendió como un árbol de Navidad y nos agotaron hasta la última pieza toda la documentación que teníamos.”

En febrero de 1985 Joey asistió a la Conferencia Nacional Australiana sobre Garabandal que tuvo lugar en Canberra, la capital, y a la que acudieron participantes de toda Australia, de Papua y Nueva Guinea y de Tonga en el Pacífico Sur.

UN SUEÑO CONSOLADOR
Al principio de 1965, Joey estaba un día en su casa en Lindenhurst, recostado en el sofá rezando su rosario. Su meditación le traía constantemente las misma palabras: sueño – árboles – Garabandal – sueño – Garabandal – árboles – sueño … volvían incesantemente. Y recordó de pronto el mes de mayo de 1949, cuando recién había ingresado en la escuela para ciegos.

Estaba deprimido en ese lugar extraño, con su ceguera – que no quería. Estaba solo, extrañaba a su familia y sabía que ellos también sufrían. Le habían puesto en la enfermería para su orientación. Esperó, escuchó – sabía que estaba solo. Al rato se levantó, dio unos pasos, otros pocos, pasó por la puerta. Cautelosamente avanzó por el pasillo, pero luego, sin darse cuenta, pasó por una salida abierta y se desplomó por una escalera. No queriendo causar alarma, la subió de nuevo gateando y aferrándose a la pared buscando la puerta abierta. Al fin llegó y se recostó en su cama, doliente, asustado, solitario y frustrado. Tomó su rosario y se puso a llorar – hasta que se durmió.

Y soñó y aún recuerda su sueño.
“Me vi en un magnífico campo de golf, entre céspedes tupidos, colinas, un grupo de árboles detrás de mí. Yo estaba allí parado, mirando hacia arriba. Algo pasaba en el cielo y yo tenía de nuevo mis ojos – y eran azules.”
“Cuando me desperté me sentí reconfortado por esa visión. Aún tenía miedo, pero sabía que después de algún tiempo estaría bien. Este pensamiento me dio fuerza para emprender una nueva vida en el mundo de los ciegos y me dio el coraje de aprovechar sin desperdicio cada oportunidad que se me presentase.”

No fue sino en 1965, pasados todos esos años, cuando Joey pudo vincular su sueño reconfortante con los acontecimientos de Garabandal.

*Joey recuerda su sueño reconfortante. Al cabo de 16 años comprendió que el lugar visto en el sueño era Garabandal.