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Llamadas Interiores Preceden Los Éxtasis
Las visiones de las muchachas fueron precedidas por tres llamadas interiores de intensidad creciente. Después de la
tercera llamada, corrieron al lugar de la visión y, al llegar, cayeron repentinamente de rodillas y en trance extático.

El arrobamiento extático era completo. Los ojos de las niñas estaban dilatados y sus caras se transformaron con belleza sobrenatural que no se pudo captar adecuadamente en película ni en fotos.

“He visto las fotos pero incluso las fotos no se pueden comparar con la realidad.” – Testigo Clinio Sans Lopez

No podían ver ni oír nada excepto su visión y a sí mismas y no respondieron a pinchazos con alfileres, ni a quemaduras con extremidades de fósforos calientes, ni a proyectores brillantes enfocados directamente en sus ojos.

Y aunque las niñas se movían fácilmente y con gracia en
éxtasis, otros las encontraron rígidas al tacto y no pudieron hacerles volver la cabeza ni mover los brazos.

El peso aparente de las visionarias cambió tanto que dos hombres tuvieron gran dificultad en levantar del suelo una niña de 12 años mientras que las muchachas se levantaban mutuamente con sorprendente facilidad para ofrecer un beso a su visión.
Caídas Impresionantes en éxtasis
En agosto comenzaron nuevos fenómenos. Cuando las muchachas se arrodillaban en éxtasis, podían en cualquier momento caerse hacia atrás hasta que sus
cabezas tocaban el suelo.

A veces caían todas a un tiempo formando hermosas esculturas, pero su ropa nunca quedó excesiva ni indecorosamente revuelta.

En otras ocasiones se desplomaban de espaldas hasta golpear con la cabeza en el suelo,
para horror de los espectadores. Pero nunca se lastimaron y se levantaban sin apoyarse en los brazos ni en las manos.
Marchas extáticas que desafían las leyes naturales
También en agosto de 1961, las muchachas comenzaron a caminar en éxtasis hacia adelante y hacia atrás a través de la aldea con sus ojos fijos en lo alto todo el tiempo.

Nótese en la foto, a la derecha, cómo el pie de Mari Loli
evita cuidadosamente una piedra que sobresale.

A veces se movían tan rápidamente que aún los hombres jóvenes de la aldea, corriendo a toda velocidad, no lograban mantenerse a la par con ellas. Luego, no estaban ni cansadas ni sudadas, y tenían pulso normal.

Durante estos vuelos extáticos, lograban pararse de repente, en desafío de la física, mientras que los que intentaban acompañarlas, llevados por su ímpetu, las pasaban de largo.

Las muchachas en éxtasis siempre llevaban un crucifijo que ofrecían a las personas presentes para que lo veneraran. Nunca sabían quién besaba el crucifijo, porque en éxtasis no veían más que su visión y a sí mismas.

Por orden de la Virgen solían extender el crucifijo a quienquiera María quería que lo besara.

Después de un éxtasis, Conchita se enteró de que todos los que habían besado el crucifijo eran sacerdotes vestidos de civil.
La Visión Besa Objetos Religiosos
En los días tempranos de las apariciones, para divertir al Niño que Nuestra Señora llevaba en brazos, las muchachas le ofrecían pequeñas piedras.

El Niño no tomaba las piedras pero Nuestra Señora sí, las besaba y encargaba a las niñas que las dieran a determinadas personas después del éxtasis.

Cuando los espectadores oyeron que la visión había besado piedras dieron sus rosarios y medallas a las muchachas para ver si Nuestra Señora besaría estos artículos religiosos. Nuestra Señora aceptó besarlos y esta práctica continuo a través de las apariciones. Hubo características notables en este fenómeno.

La gente dio a menudo sus artículos religiosos a las muchachas por interpósitas personas, o los colocaban en una mesa puesta a un lado para este propósito en los
hogares de las niñas cuando ellas no estaban presentes.

No había manera de que las muchachas supieran a quién le pertenecía cada artículo; con todo en éxtasis, guiadas por su visión, nunca se equivocaron en los miles de veces que devolvieron rosarios, medallas, anillos de bodas u otros artículos religiosos a sus dueños legítimos.

La Virgen le dijo a Conchita que los que llevaran estos objetos con fe y devoción pasarían su purgatorio en la tierra, y que a través de estos objetos su hijo realizaría prodigios.

“Por el beso que he concedido a estos objetos, mi hijo realizará
prodigios.” – nuestra señora a Conchita, de noviembre el 13 de 1965