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POSICIÓN DE LA IGLESIA CON RESPECTO A GARABANDAL
Por Joseph A. Pelletier, A. A.

Como saben todos los que se interesan en Garabandal, reina la confusión sobre la posición de la Iglesia acerca las apariciones señaladas en ese pueblo serrano español desde 1961 hasta 1965. No es nuestra intención examinar y comentar las múltiples declaraciones emanadas de diversas fuentes. Las cartas enviadas por los sucesivos obispos de Santander y por el Cardenal Seper son auténticas y provienen realmente de esas personas. Otra cosa es la interpretación de esas cartas y el grado de finalidad que representan. Sin entrar en los detalles de esas cartas y declaraciones, las consideraciones que siguen pueden contribuir a su mejor comprensión y evaluación.

¿Qué posición toma la Iglesia?
El primer representante de la Iglesia al que toca examinar el asunto es el obispo local, en este caso, de Santander. A él incumbe estudiara el caso y dictar sentencia sobre las apariciones. Habitualmente, el juicio del obispo, es decir su confirmación o rechazo, resuelve la cuestión. Así fue en Lourdes y en Fátima. Pero esto no es forzoso. En ocasión de la clausura del Jubileo de Fátima, en octubre de 1942, el Patriarca de Lisboa, Cardenal Cerejeira, refiriéndose a la ratificación de las apariciones de Fátima dada por el obispo Leira de Fátima en octubre de 1930, observó: “Esta ratificación no es irrefutable; la Santa Sede puede confirmarla o anularla.”

En verdad, el obispo local actúa como juez de primera instancia. Está por encima de él otra autoridad eclesiástica que actúa como Cámara de Apelaciones, la Congregación por la Doctrina de la Fe, antes llamada el Santo Oficio. Es éste un organismo administrativo que representa al Papa en materias de fe y moral. Tampoco él tiene la última palabra: ésta está reservada al Papa, el juez supremo.

La Congregación estaba facultada para intervenir y tomar a su cargo la investigación de las apariciones, que quedaría entonces fuera de las manos del obispo de Santander. Pero se negó persistentemente a perturbar de tal modo el proceso, arguyendo que no había sucedido ningún hecho significativo en tiempos recientes, por lo que la Congregación no tenía motivo para intervenir. Y concluyó dejando la gestión en manos del obispo, incluso la emisión de directivas, y loándole por el celo que había mostrado en esta materia. Se puede inferir que de producirse la Advertencia o el Milagro anunciado, la Congregación por la Doctrina de la Fe podría cambiar de actitud.

Así, al menos por el momento, la Congregación se contentará con lo que tan a menudo ha hecho en el pasado: aceptar el status quo y esperar los resultados. Una larga experiencia en hechos de esta naturaleza le ha enseñado que cuando algo viene de Dios, al fin supera cualquier oposición.

Si Garabandal fuera la única aparición en curso actualmente, tal vez la Congregación no sería tan reacia a investigarla. Pero hay noticias de apariciones en toda España, en toda Europa y además en Canadá y los Estados Unidos. Se ha señalado apariciones en diez lugares en la sola España. De seguro que los informantes son otros tantos obispos que estarían felices de ver a la Congregación por la Doctrina de la Fe tomar a su cargo la obligación de conducir la investigación y emitir la sentencia. Pero considerando que esto exigiría a la Congregación asignar en cada caso cierto personal al trabajo en el terreno, y otro para procesar la documentación en Roma, se ve que pronto estaría abrumada. Por ende, la Congregación toma el único camino práctico que le queda, es decir dejar los juicios preliminares en manos de los obispos locales hasta estar segura de disponer de representantes eficaces y suficientes para cada caso.

La Congregación no emitió ninguna declaración
Debe hacerse aquí una acotación importante: La Congregación por la Doctrina de la Fe no emitió ni publicó ninguna declaración en su nombre, dirigida a todo el mundo católico, sobre los hechos de Garabandal. Nunca ha expresado pública ni oficialmente su opinión sobre estas apariciones contemporáneas en España. Eso sí, el Secretario de la Congregación ha enviado cartas a varios obispos de Santander y una más reciente al arzobispo Hannan de New Orleans. Pero, dicho sea sin desmedro de la importancia de esas cartas, no son ni tienen la autoridad de declaraciones formales dirigidas al mundo católico en nombre y bajo caución de la Congregación.

Otro punto aún más importante es que en las cartas enviadas a las personas mencionadas, la Congregación nunca incluyó una declaración positiva expresando acuerdo con el juicio de los obispos de Santander. Estas cartas han alabado a los varios obispos de Santander por la prudencia y el celo pastoral que desplegaron en la gestión de las apariciones de Garabandal, pero no dieron explícito acuerdo al veredicto de los obispos de Santander, los cuales se negaron a admitir el origen divino de los hechos de Garabandal.

De hecho, en las dos cartas publicadas, ambas del Cardenal Francis Seper, Prefecto de la Congregación por la Doctrina de la Fe, hay declaraciones incontrovertibles de que Roma y la Congregación se han abstenido siempre de emitir juicio sobre la cuestión medular de Garabandal, a saber, el carácter sobrenatural u origen de las apariciones.

En 1970 el Obispado de Santander publicó un Libro Blanco intitulado “Declaración Oficial de la Jerarquía sobre con respecto a Garabandal”. Las dos cartas arriba mencionadas del Cardenal Seper están reproducidas in toto en ese documento.

La primera está fechada el 10 de marzo de 1969 y dirigida al obispo de Santander, S.E. el Muy Reverendo José M. Cirarda Lachiondo. El original está en latín, acompañado de una traducción en español. El párrafo pertinente reza:

“Como sabe S.E., hasta el presente esta Sagrada Congregación no ha querido tomar el lugar de esa autoridad (el Obispado de Santander) que tiene jurisdicción inicial para la investigación y el juicio sobre esta clase de asunto, y no ha querido tomar la gestión a su cargo. Por las cartas enviadas hasta ahora, solamente ha expresado su aprecio por la prudencia y el celo pastoral evidenciados por esa Curia (el Obispado de Santander) pero no ha emitido ningún juicio bajo la autoridad de la Santa sede.”

La segunda carta está fechada el 21 de abril de 1970 y dirigida al arzobispo de New Orleans, S.E. el Muy Reverendo Phillip M.Hannan. El original está en inglés con una traducción en español.

El párrafo pertinente de esta carta menciona “la nota del 10 de mayo de 1969” que fue un boletín sobre Garabandal publicado por un periodista norteamericano, fechado en el Vaticano, y que tuvo amplia difusión. Parte de ese boletín contenía una declaración, presentada como proveniente de la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe. A esa declaración se refería el cardenal Seper, y a propósito de ella escribe al arzobispo Hannan: “Aunque esta Sagrada Congregación ciertamente coincide con el contenido de la nota del 10 de mayo de 1969 (como fue publicada en varios países, especialmente en Francia en ‘La Documentation Catholique’, 21 Sept. 1969, n.1547, p.821), debe aclarar que es inexacta la atribución de la parte de ese texto que trata de la falta de carácter sobrenatural de los hechos de Garabandal a la Sagrada Congregación, ya que ésta siempre cuidó de abstenerse de toda declaración en esta materia”.

Está bien claro. La primera carta dice que la Sagrada Congregación no ha emitido sobre Garabandal ningún juicio bajo la autoridad de la santa Sede. La segunda dice que la Sagrada Congregación siempre cuidó de abstenerse de toda declaración en la materia del carácter sobrenatural de los hechos e Garabandal.

¿Cómo ocurre, entonces, que en nuestra prensa católica norteamericana se afirme que Roma ha condenado a Garabandal? La Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe ha guardado celosamente el silencio sobre su opinión acerca de los hechos de Garabandal. Aún el fuerte respaldo que ha otorgado a los obispos de Santander dista mucho de ser un dictamen sobre el carácter de esos hechos. Mientras no tome a su cargo la investigación, la Congregación no puede sino apoyar la labor del obispado – lo cual no presupone coincidencia con el Obispado en materia doctrinal.

El Papa y Garabandal
Pero ¿y el Papa? ¿Se ha pronunciado sobre las apariciones? La pregunta no carece de objeto, ya que la Congregación debe a veces contestar sin previa consulta con el Santo Padre y así la respuesta puede apartarse un tanto de su pensamiento – cosa que, por lo demás, ocurre en todos los gobiernos.

Se planteó una situación algo similar en el caso del capuchino estigmatizado, el P.Pio, que murió en septiembre de 1968. Entre marzo de 1923 y mayo de 1931 el Santo Oficio emitió varios decretos negando el carácter sobrenatural de sus heridas y limitando sus atribuciones. Se le prohibió recibir visitas, celebrar misa en público y contestar las cartas de quienes le pedían consejo. Al fin en 1933 el papa Pio XI anuló los decretos contra él, dando así razón a los que siempre habían creído en él y confiado en que se le haría justicia.

El Papa no ha hecho ninguna declaración oficial sobre su acuerdo o duda respecto del carácter sobrenatural de las apariciones. Resumimos a continuación algunas cosas que dijo en privado y que pueden arrojar luz sobre su modo de ver los hechos.

Conchita en Roma
En febrero de 1966 el Cardenal Ottaviani, entonces Prefecto del Santo oficio, invitó a Conchita a Roma. Fue con su madre y pasaron unos diez días en la Ciudad Eterna. Allí fue bien recibida y amistosamente interrogada por el Cardenal Ottaviani y otros. Conchita vio por primera vez al Papa en una audiencia pública, en la cual no tuvieron contacto de viva voz. Luego ella pidió ver al Santo Padre; se le dio una cita, pero ésta fue cancelada. No obstante, el Papa mandó a una persona de alto rango a verla y transmitirle su bendición, y con ella, la de toda la Iglesia. Al día siguiente el papa recibió personalmente a Conchita, en privado, y le repitió el mensaje transmitido en la víspera por su representante. Verdaderamente, pues, le dijo: “Te bendigo y conmigo te bendice toda la Iglesia.” Pero esto no es, evidentemente, un pronunciamiento sobre las apariciones. Por otra parte, en diversas circunstancias el papa Paulo VI mostró una actitud que indicaba una disposición sin prejuicios con respecto a Garabandal y no sugería una inclinación por aceptar sin cuestionarla la opinión de los obispos de Santander.

Una viajera norteamericana, Mrs. Helen E. Froelicher, de New Jersey, visitó Garabandal en 1968 y entrevistó a las niñas videntes, de lo que recibió profunda impresión. Luego fue a Roma donde fue recibida por el Cardenal Seper, que ya encabezaba la Congregación para la Doctrina de la Fe. Él “le dio permiso para hablar en los Estados
Unidos de las apariciones de Garabandal, a condición de poner siempre en claro que estaban aún en investigación.”

Es interesante notar que la constante presión ejercida en esos años por el obispado de Santander sobre la Congregación a fin de obtener una declaración que permitiera cerrar el caso de Garabandal, presión documentada en la correspondencia – publicada – entre ambos organismos, nunca obtuvo ni del cardenal ni del papa la declaración deseada.