| CÓMO
NUESTRA SEÑORA MANTUVO SU SECRETO
Por José A. Pelletier, A.A.
El P. Eusebio García De Pesquera cuenta en “Se fue
con prisas a la montaña” (vol. 1, pp. 192-194) el encantador
y sorprendente episodio que relataré aquí. Ocurrió
muy al principio del período de las apariciones, a fines
de julio de 1961. Se trata de un “secreto” revelado
por Nuestra Señora. Los antecedentes necesarios para situar
y apreciar el incidente se encuentran en “Las apariciones
no son un mito”, de Francisco Sánchez-Ventura y Pascual.
Algo de esto resumiré aquí.
Nuestro evento comenzaba apenas a evolucionar hacia una segunda
etapa, en la que habría más de una aparición
en un mismo día. El primer día en que hubo apariciones
múltiples fue el viernes 26 de julio, la víspera de
la partida de Conchita para Santander, donde la iban a interrogar
las autoridades de la diócesis. Hubo ese día dos apariciones;
la primera por la mañana, y en ella Nuestra Señora
anunció que aparecería de nuevo al atardecer, algo
más temprano que de costumbre – ocurrió alrededor
de las 20 horas, mientras que hasta entonces había sido siempre
a las 20:30, al caer la noche. La aparición de mañana
había sido también una notoria innovación,
y pronto habría apariciones a todas horas, de día
y de noche.
Durante la aparición del atardecer ocurrió la primera
oscilación extática (del cuerpo), precursora de las
espectaculares caídas extáticas que ocurrirían
alrededor de una semana más tarde, y serían seguidas
a los pocos días de la frecuente y extraordinaria marcha
extática.
Así, las apariciones alcanzaban un nuevo pináculo,
introduciendo un período en que Dios mostraría una
abundancia de signos externos para convencer a los espectadores
de que estaban presenciando actuaciones que trascendían indudablemente
las capacidades naturales de las niñas.
El 29 de julio las apariciones aumentaron a cuatro, todas durante
la tarde. Era casi una aparición continua, ya que los intervalos
y desplazamientos entre apariciones eran cortos.
Nuestra Señora imparte instrucciones precisas a los espectadores
La primera aparición del día tuvo lugar en la calleja
- calzada hundida en la que habían ocurrido las dos primeras
apariciones, y siguieron ocurriendo por cosa de un mes. Concluida
esta nueva aparición, las niñas informaron a los presentes
que la Bienaventurada Virgen quería que fuesen todos a los
pinos, que están justo después del fin de la calleja,
y que había dado instrucciones precisas de cómo debían
ubicarse allí. Dos de las niñas, Sari y Mari Carmen,
que tenían unos seis años de edad, serían testigos
y debían parase junto a las videntes. Los demás se
ubicarían a una distancia desde la que pudieran ver, pero
no oír. Los padres de las niñas, los sacerdotes, entre
los que estaba Don Valentín Marichalar, cura párroco
del pueblo, las monjas y los dos policías, podrían
pararse algo más cerca que los demás. Llegados todos
a los pinos, las niñas indicaron a los distintos grupos dónde
debían colocarse. Comenzada la segunda aparición,
alguien sugirió que otra niña, de unos doce años,
reemplazara a una de las de seis, pero la Virgen no permitió
la sustitución.
Sánchez-Ventura, de quien recibimos los hechos precedentes,
dice que la elección por la Virgen de niños como testigos
es un hecho que ha ocurrido a veces, en otras ocasiones. Dice también
que “durante esta aparición, ante los niños
testigos, la Virgen completó el mensaje y a ellos les reveló
el secreto.“
Durante esta aparición las visionarias parecieron entristecerse
extremadamente, tanto que la madre de una de ellas exclamó
“¡Están llorando!” Poco después
Don Valentín hizo que se acercara Mari Carmen y le preguntó
de qué estaban hablando las visionarias, y ella contestó
que le estaban pidiendo a la Virgen bendita “que no les dijera
cosas malas”. La aparición duró 11 minutos.
Cuando hubo terminado la gente se acercó a las niñas
para hablar con ellas. Se notó que una de ellas aún
tenía lágrimas en las mejillas.
Se ha interpretado la ubicación alejada impuesta al público,
la tristeza manifestada por las videntes y la respuesta de Mari
Carmen al cura como que la Virgen acaso les había hablado
del castigo anunciado, que les iba a mostrar en una visión
más adelante.
Loli le dijo a la gente que había tenido la corona de la
Virgen en sus manos. Esto coincidía con gestos observados
por los presentes durante la visión. Una de las niñas
se había puesto de pie, había recibido un objeto de
la Virgen, lo había examinado y se lo había puesto
en la cabeza. Luego se lo pasó a la tercera niña (ya
que Conchita estaba ausente), la que también se lo puso en
la cabeza, y a las dos le quedaba de manera diferente.
Estaba
aún la gente hablando con las niñas de lo ocurrido
durante la segunda aparición cuando ellas cayeron en éxtasis
por tercera vez. En esta visita el niño Jesús acompañaba
a la Virgen. Él llevaba una corona y se la prestó
a las niñas, que observaron que era pequeña. Se diría
que el niño Jesús, a semejanza de su madre, les hizo
ese préstamo a modo de consuelo por las tristes revelaciones
que habían recibido antes. La sencillez y la ternura fueron
señas características de las apariciones de Garabandal
y una parte importante de sus mensajes, aún de los que eran
llamados a la acción.
Nuestra Señora les dijo a las niñas que estaba complacida
por la obediencia y docilidad con que habían acatado sus
instrucciones y aceptado los lugares que les asignó. Este
subrayar de la obediencia es otro ejemplo de la enseñanza
concreta, por la acción y los hechos, con que fue impartido
todo el mensaje.
La cuarta aparición se produjo poco después de la
tercera, estando aún las niñas en los pinos. Duró
más o menos una hora. Durante la visión precedente,
Nuestra Señora había pedido que la gente rezara el
rosario, e indicado que estaba bien rezarlo en los pinos. Durante
el rosario, las niñas cayeron en éxtasis y sus voces
se desvanecieron.
El P. Ramón M. Andreu, S.J., nos ha dejado considerable
información sobre una parte de esta cuarta aparición,
que tuvo que ver con él en particular. Hemos examinado este
tema en detalle en el libro “Nuestra Señora viene a
Garabandal” (pp.61-63.) Éste fue el día en que
él y su hermano Luis, también jesuita, visitaron el
pueblo por primera vez, y en que el P. Ramón recibió
su “prueba” personal. Anotó que la aparición
final de ese día ocurrió al terminar la tarde.
Un sacerdote procura descubrir el secreto
Mucha gente vino al pueblo el domingo 30 de julio, y entre ellos
había tres sacerdotes de León. Uno era Don Manuel
Antón, párroco de San Claudio. Los otros dos, Don
Víctor López y Don Geminiano García, se ocupaban
de enseñanza. Don Manuel Antón relató al P.
De Pesquera, de quien la recibimos, la información siguiente
sobre lo que aconteció el 30 de julio.
Los tres sacerdotes llegaron a Garabandal a -las 12:30 y fueron
directamente a la casa de Loli. Sabiendo que ella era la que había
participado más en los hechos de esos días, Don Manuel
estaba ansioso por hablar a solas con ella. Él había
venido allí dispuesto a reunir toda la información
que podría obtener. Y de hecho, se excedió, como su
interrogatorio no tardó en mostrar.
Don Manuel interrogó a Loli sobre el principio mismo de
los hechos, en especial la primera aparición, la del 18 de
junio. Consideraba que la manera más fácil de avaluar
semejantes episodios, de descubrir embustes si los había,
era determinar exactamente cómo todo había empezado.
Vio claramente por las respuestas de Loli que todo había
sido enteramente inesperado y que las niñas habían
sido muy desconcertadas en un principio. Le impresionó mucho
el aire de “absoluta sinceridad” de Loli y quedó
generalmente satisfecho.
Al continuar la conversación, se enteró de que la
Virgen había confiado a las niñas algunas cosas que
no debían ser repetidas. Por ser ésta una materia
delicada, preferimos citar textualmente a De Pesquera en su relación
del interrogatorio de la niña.
“Tienes que decírmelo todo, pues tengo derecho de
saberlo y no soy simplemente una persona común“,
le dijo. La niña se empeñó en su negativa.
No podía, no podía. La bendita Virgen les había
dicho que no debían repetírselo a nadie hasta llegar
el día...
No obstante, Don Manuel logró vencer su resistencia con
la admonición siguiente: “Te dije que tengo autoridad
para preguntarte y es la voluntad de Dios que me digas. Así
que ¡obedece!”
Entonces la niña, nerviosa y con gran esfuerzo, intentó
obedecer a esa orden. “Fue realmente asombroso”, me
confió Don Manuel. “No logré comprender ni una
sola frase. No es que hablara en voz baja, ni tampoco intentaba
hablar de manera incomprensible. El hecho es que ocurrió
un extraño fenómeno en su elocución. Hasta
ese momento se había expresado en forma completamente normal
y yo la comprendía perfectamente. Pero cuando llegó
al punto de querer decirme “el secreto” fue como si
tanto sus labios como su lengua hubieran dejado de obedecerle. Sólo
produjo una especie de tartamudeo, una mezcolanza de sonidos en
conflicto entre sí. Yo veía que trataba de hacerse
comprender, pero no había manera de reconocer una sola palabra.
Como si se hubiera puesto de repente a hablar en el más extraño
y desconocido idioma”.
“¿Ves?” me dijo al final, en su perfecta elocución
habitual. “¿Ves? La bendita Virgen no quería
que te dijera esas cosas.”
Paramos aquí para darles la oportunidad de sopesar estos
eventos en su fuero interior. Pienso que fueron la obra de un Dios
amante, para bien de ustedes y mío tanto como de Don Manuel
y sus dos amigos.
Notas:
- pp. 95 et seq. En la traducción inglesa, “The Apparitions
of Garabanadal”, ver pp. 57 et seq.
- El P. De Pesquera menciona una marcha extática ocurrida
el 16 de julio de 1961. Todos los libros anteriores mencionan estas
marchas como comenzando a principios de agosto de 1961. |